Experiencias Personales

¡Sayounara, Baby!

En Transboys aceptamos todo tipo de experiencias personales de vuestras operaciones, vivencias en el colegio, reflexiones sobre vuestra transición y un largo etc. Si queréis aportar con vuestro granito de arena, podéis enviarnos vuestro relato a nuestro email de contacto. El artículo se subirá respetando, por supuesto, vuestro anonimato.

Aclaración: Esta es una experiencia anónima enviada por un chico trans. Todo lo que cuenta es según su propia vivencia, cada caso puede ser diferente.
Hospital: Hospital Universitario de La Laguna
Lugar: Tenerife
Fecha: febrero de 2011
Edad: 22 años



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Empezamos mi relato con el principio de los principios. Por supuesto, ya me había visto Miguel Fernández Sánchez-Barbudo y ya había comenzado mi terapia hormonal, así que cuando el endocrino lo estimó oportuno, me derivó a una consulta en ginecología (HUC) donde procedieron a hacerme un examen rutinario. Cuando digo rutinario me refiero a una exploración vaginal. Sé que este momento es muy duro para todos nosotros, pero es de imperiosa necesidad hacerlo y debemos ir preparados. Los profesionales del ala de ginecología del HUC son personas atentas y no nos harán pasar más mal rato del que pensamos pasar. Dentro de la consulta, el médico ginecólogo te hará una citología (coger muestra de mucosa vaginal) y procederá a practicarte una ecografía. En mi caso, pedí que me la hicieran vía anal puesto que no estaba preparado para una vía vaginal.

Después de este reconocimiento, el médico firmará un volante que deberás llevar a “admisiones“; allí, con tu DNI o tarjeta sanitaria, el volante del doctor y el comprobante de la citología, dejarás todo preparado para que en cualquier momento te llamen a tu casa para empezar el procedimiento que requiere hospitalizarte. La primera parada después de esta llamada, será darle una visita al anestesista.

Antes de hospitalizarte


A mí, las pruebas de pre-anestesia que me hicieron fueron un análisis de sangre y una pequeña encuesta sobre mi salud general. En mi caso no tuve que hacerme cardiogramas. En la entrevista que te haces con el anestesista, se dejan claro los procedimientos que se van a llevar en el hospital. Qué tipo de anestesia, si estás capacitado para ello, si vas a consentir que te hagan una transfusión de sangre, etc. Es un procedimiento rutinario y no tendrás mayores problemas. Una vez termines, vuelves a esperar en casa un llamado telefónico que te llevará hasta el jefe de ginecología.

Cuando vuelves a “Ginecología” para hablar con el jefe de sección, ya estarás ultimando los detalles para saber qué día te operarán. A él podrás hacerle todas las preguntas que quieras sobre el proceso y, finalmente, te irás a casa esperando que llegue el gran día. Algunas de mis preguntas fueron:

– ¿Cuánto tiempo dura la operación?
– ¿Cuánto tiempo deberé estar hospitalizado?
– ¿Qué tipo de intervención me harán? (histerectomía abdominal u otras)
– ¿Qué contratiempos pueden aparecer en el quirófano?
– ¿Cómo es normalmente el post-operatorio?
– ¿Cuáles son los riesgos de esta operación?
– ¿Estaré cómodo y se respetará mi situación personal en el hospital?
– ¿Qué tengo qué hacer con mi tratamiento hormonal antes y durante la recuperación?
– ¿Qué síntomas son alarmantes, tanto en el hospital como en casa?
– ¿Cómo es la recuperación en casa? ¿Qué tengo que evitar hacer?

 

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Hospitalización


Una vez dentro del hospital, debes ir a “Ingreso” (recordad que yo me operé en el HUC, en Tenerife), allí nos toca esperar delante del mostrador hasta que te toque, para poder decirles nombre y apellidos. Ellos te buscarán en la base de datos y podrán ver que tienes orden de ingresar en el hospital ese día. Te harán firmar un consentimiento y te pondrán una pulsera de plástico en la muñeca para identificarte (este será tu carnet en el hospital). Después, debes esperar a que llegue una enfermera para que te dirija a tu planta y habitación.

En el Hospital Universitario de la Laguna, en Tenerife, al menos en mi caso, me dejaron una habitación individual para poder estar tranquilo mientras permanecía en la planta, equipada con baño, balcón, teléfono y televisión. Aunque la planta está reservada a mujeres, vi a algunos hombres en las salas contiguas. Al estar ya ingresado, tienes un poco de tiempo más para despedirte de tus familiares y al llegar la noche, elegimos algo de cena y ya nos acostamos. A las horas, pasó una enfermera a advertirme que debía rasurar la zona del bajo abdomen y del pubis. Os recomiendo que no hagáis como yo y lo rasuréis en vuestra casa, cómodamente. Si no lo habéis hecho por despiste, la enfermera te traerá utensilios para hacerlo tú mismo en el baño (también se ofrecerá a hacértelo ella misma).

Más tarde, recibí otra visita de una simpática y agradable enfermera que quería ponerme un enema. El enema se usa para limpiar el intestino, preparándolo para la operación (que tenía a la tarde siguiente). Me resistí un poco, pero es terminantemente obligatorio hacerlo. La sensación es desagradable, como un frío que te llena desde dentro, pero no es doloroso. Es incómodo, pero no duele. La verdad es que estaba asustado por el desconocimiento, pero eso no os pasará a vosotros. Cuando cayó la noche, vinieron por última vez a ofrecerme un relajante muscular para dormir, imaginando que estaba tremendamente nervioso.

Operación


A la mañana siguiente me entrevisté con la que sería mi cirujana. Tuve que solicitar verla a varias enfermeras, no sé si normalmente sube a ver a sus pacientes. A ella le hice muchas de las preguntas que le había hecho al jefe de ginecología, haciendo hincapié en las posibles complicaciones y sus soluciones. Poco después de despedirla llegó la misma simpática enfermera a ponerme otro enema y a avisarme que ya no podría comer hasta después de la operación. Por supuesto, no nos faltarán los nutrientes gracias a la terapia de sueroterapia que luego, en prequirófano, nos colocarán mediante vía en la mano. Cuando llegó mi hora de bajar, me dieron un pijama de hospital y me bajaron en camilla hasta lo que ellos llamaban “prequirófano”. ¡Estaba muy nervioso! Y recuerdo que hacía mucho frío por los pasillos, pero una celadora me llevó en camilla cómodamente, no tuve que caminar.

Para entrar al prequirófano hay que saltar a una camilla más alta, que es donde te operarán. Como estás en perfecto estado, te subes tú mismo, subiendo una escalerita. En ese momento pensé que parecía una carretera y se me asemejó a un cambio de carríl. Fue divertido. Cuando ya estaba en la camilla definitiva, un celador me metió en el prequirófano, que resultó ser una sala de espera. Me hizo una pregunta algo impertinente, pero no me la tomé a mal porque se veía muy amable. Su duda fue la siguiente: ¿Dónde quieres que te ponga: en el lateral de los hombres o en el lateral de mujeres? Lógicamente, le respondí que en el de hombres. Me “aparcó” al lado de otros pacientes, y me dejó tranquilo hasta que me tocara el turno. Me comían los nervios, pero no tuve mucho tiempo para deleitarme en el nerviosismo. Una enfermera me puso la vía y enseguida me llevaron al quirófano.

Te cambian de camilla por última vez en el mismo quirófano, y antes de dormirte, conocerás al anestesista, aunque en mi caso lo conocí un poco antes, mientras esperaba en el prequirófano. La anestesia fue general, por lo que, mientras dormía, me entubaron para poder mantenerme respirando. No os vais a enterar, así que os debe dar igual. Si os preguntáis cómo me pusieron la anestesia, pues fue mediante la vía, no usaron ni pinchazos ni mascarilla. Fue visto y no visto. La sensación de la anestesia es muy curiosa, de pronto es como si te desmayaras. Estás 100% consciente, te introducen la anestesia en el cuerpo y no te da tiempo de pensar más. Ya estás dormido y tranquilo. Cuando te despiertes, serás un hombre nuevo.

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Al despertar, estaba en una sala de recuperación y vigilancia. Yo desperté con una sonda puesta, suero y morfina. Si al despertar la sonda te hace daño, lo más probable es que te la hayan puesto mal, así que deberán retirartela. Pero normalmente, la sonda ni se siente, ni siquiera sabes cuando estás orinando o cuando no. Es muy cómoda y normalmente, no es dolorosa. Cuando vieron que me encontraba bien, me subieron a mi habitación, donde pude ver a mis padres y a mi esposa, esperándome. La morfina, que es un sedante muy fuerte para que no sufras dolor, puede causar nauseas (a mí me atosigó a nauseas) y por consiguiente, algún vómito. Sólo me vomité una vez, y fue al llegar a mi habitación, después del paseito por los pasillos hasta llegar a planta.

Ese mismo día ya podía levantarme, así que los dolores, aunque existen y son fuertes, cada persona es un mundo, habiendo chicos que salen por su propio pie del hospital en menos de tres días. Otros por ejemplo, tardan más. Depende siempre de la persona.

EN CASO DE DOLOR AGUDO: Si al despertar después de la operación no puedes ni sentarte y el dolor es insoportable, significa que podrías tener una hemorragia interna. En ese caso, no dudes: pide una revisión en la sala del ecógrafo y exige una segunda intervención. Cualquier dolor anómalo que sientas debe ser informado de inmediato al equipo de médicos.

Dentro de lo bueno, lo que hay que tener en cuenta es que el servicio sanitario estará pendiente de ti y te cuidarán hasta el más mínimo detalle. De ellos depende tu recuperación los días que te queden en el hospital. Te harán caminar por la habitación, te bañarán los primeros días y estarán pendientes de tus constantes y de tu herida abdominal, la cual tendrás bien tapada y gasada (y mimada, por qué no decirlo). Particularidades a parte, a mí me dio una febrícula algo pesada que tenían que estar controlándome, y también comencé a sentir muchos calores y fríos repentinos, efectos de la febrícula. También tuve sangrado vaginal, muy leve y que se retiró después de unas semanas. Pronto pude comer (aunque las comidas del hospital no me gustaban en absoluto) y, casi sin darme cuenta, ya estaba de camino a casa.

Recuperación en casa


Cuando llegue el momento de darte el alta, el médico jefe de la planta te dará el visto bueno y te firmará el ansiado papel. Volverás a tu casa ese mismo día, seguramente por la mañana y tendrás que empezar la recuperación. El médico jefe de planta te advertirá que en una semana, aproximadamente, debes volver por ahí para quitarte los puntos de sutura y, si tuvieras drenajes, para retirártelos. Os adelanto que los puntos son una tontería, son como grapas y si los quitan bien, no os dolerá nada.

En casa mi familia me cuidó estupendamente. Tenía que estar en reposo y, sobre todo, no coger pesos ni hacer esfuerzos. Tampoco era recomendable agacharse. Me recuperé al tiempo, y la zona donde tengo la incisión perdió toda la sensibilidad. También, cuando corría, me daban unos extraños calambres en la zona, pero los ginecólogos que consulté después de la intervención, me aseguraron que estaba perfectamente y que eso era totalmente normal. Aún después de un año de la intervención, si me toco la zona siento una extraña sensación de “nada”, pero noto que voy recuperando la sensibilidad. En cuanto a la cicatriz, se derivó en una cicatriz tipo queloide, y me mandaron un tratamiento dermatológico para mejorar su aspecto, igualmente la cicatriz casi no se ve por el vello púbico. Al tiempo, el recuerdo de esta intervención comenzará a estar difuso y los constantes dolores en el bajo vientre, sólo un mal sueño.

Por supuesto, en mi experiencia personal, yo he sentido un satisfactorio cambio en mi vida. Me siento más yo, más cómodo y más seguro. No me arrepiento de haberme sometido a una histerectomía total. Lo volvería a hacer.

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Si quieres hacernos llegar tu experiencia personal como chico transexual en esta intervención (o en cualquier otra cosa), no dudes en enviarnos un email a contacto@transboys.es contándonos tu proceso. ¡Nosotros te leemos!

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